martes, 11 de marzo de 2014

DIETA SIN LÁCTEOS PARA LA FIBROMIALGIA?


“Quite todos los lácteos de su dieta”. Esta recomendación es cada vez más frecuente y seguida por algunos pacientes de fibromialgia. La justificación suele ser que los lácteos “ensucian” o “intoxican” el cuerpo, pero esta afirmación no tiene mucho sentido si no se analiza la dieta completa de la persona. El resultado de seguirla es que en algunos casos se produce una mejora, sobre todo a corto plazo, pero en otros muchos casos no. ¿Por qué?

La explicación más plausible:

Los lácteos son alimentos muy ricos en nutrientes, especialmente proteínas, vitamina D y calcio, pero además también en grasas de tipo saturadas. Estas grasas son necesarias en la dieta pero en una baja proporción pues, de lo contrario, tienen efectos negativos para la salud como contribuir a aumentar el riesgo cardiovascular, y la ganancia de peso. De alguna forma podríamos decir que si se toman en exceso pueden “ensuciar” el organismo y dificultar sus funciones. Sin embargo, esto depende en gran medida de la cantidad de lácteos que tome la persona, el tipo de lácteos, y el resto de la alimentación. Tomar un par de raciones de lácteos, a ser posible desnatados, dentro del contexto de una dieta equilibrada no es negativo, todo lo contrario, nos ayudará a conseguir una ingesta óptima de vitamina D y calcio. Entre los lácteos, sí que es interesante destacar que la leche no es la mejor, y que si un lácteo debemos escoger por su excelencia nutricional es el yogur. Dos yogures al día y una ración de algún otro lácteo desnatado (o bajo en grasa) es una buena opción. 

Sin embargo, ¿qué sería lo perjudicial? Cuando la dieta no es equilibrada, cosa que suele suceder en personas con fibromialgia, y se recurre a la leche, al queso o a otros productos lácticos como fuente importante de energía en diversos momentos del día y cada día. Eso no es adecuado pues cargamos al organismo con demasiadas grasas saturadas en detrimento de otras más saludables, como las omega-3 (presentes en los frutos secos o el pescado azul) que tienen un potencial antiinflamatorio muy importante para la fibromialgia y otras enfermedades crónicas. También hay que tener en cuenta que, algunas de las personas que encuentran una mejora con esta eliminación, es debido a una intolerancia a la lactosa, más o menos acentuada, que es relativamente habitual en adultos y que evidentemente mejora al eliminar este nutriente de su alimentación. La intolerancia a la lactosa es un proceso fisiológico normal, nos sucede a todos con la edad pues perdemos, total o parcialmente, la función de un enzima llamado lactasa que se encarga de digerir la lactosa. Al pasar la lactosa sin digerir al intestino produce fermentación, gases e inflamación. Pero como en esto hay mucha variación en la población, muchas personas adultas siguen manteniendo activa su lactasa y pueden tomar lácteos sin problema.

El riesgo:

El hecho de “eliminar todos los lácteos de la dieta” entraña un riesgo de desequilibrio nutricional. Así, son muchos los pacientes, la mayoría mujeres en épocas cercanas a la menopausia, que siguen esta pauta sin hacer ningún cambio más en su dieta, entonces, ¿cómo compensan la disminución de ingesta de calcio?, ¿qué pasa con su metabolismo óseo?, ¿qué pasa con el riesgo de osteoporosis? Si se sigue esta recomendación es necesaro acompañarla de otras recomendaciones alimentarias y de seguimiento dietético.

La recomendación:

Si eliminamos los lácteos de la dieta debemos hacerlo de la mano de un profesional de la salud, experto en nutrición, que valore nuestra dieta en su conjunto y que nos explique qué otros cambios deberíamos hacer para mejorar nuestra alimentación y en especial para compensar los nutrientes que dejaremos de tomar al dejar los lácteos. Será muy importante por ejemplo que la persona que deja de tomar leche, yogures, queso, etc, incremente el consumo de frutos secos y de verduras de color verde intenso, pues así podemos mantener el aporte de calcio y vitamina D al organismo. Además, haciendo este cambio conseguimos beneficios adicionales como bajar el contenido total de calorías de la dieta y cambiar las grasas saturadas por grasas tipo omega-3 que son mucho más saludables.  De este modo, eliminar lácteos no entrañaría riesgos.

Un apunte:

Es recomendable consumir uno o dos yogures al día ya que el yogur contiene poca lactosa, tiene una cantidad de grasa total muy baja, aporta microorganismos vivos (fermentos) que son beneficiosos para nuestra flora intestinal, y es una buena fuente de calcio y de vitamina D[1]. Además, el yogur puede sustituir otros alimentos con más grasas o azúcares que en ocasiones tomamos después de las comidas o entre horas.


[1]     Aunque la principal fuente de vitamina D es la que fabricamos en nuestra piel gracias a la exposición moderada a la luz solar.

Laura I. Arranz

Para saber más: 

1 comentario:

  1. ¿Consiguen los cambios en la dieta alguna mejoría en los síntomas que produce la fibromialgia? Por lo que a mí respecta no. Los enfermos de fibromialgia seguimos esperando como agua de mayo un descubrimiento que nos cure o al menos disminuya notablemente nuestros síntomas. En 1990 se hizo realidad el primer paso del Proyecto Genoma Humano, abriendo muchas esperanzas para los enfermos de fibromialgia. Esta nueva dimensión de la genética está abriendo el apetito inversor a muchos laboratorios. Según http://www.fibromialgiaweb.com/fibromialgia.html las perspectivas esbozan un panorama en el que el mercado se agrandaría y los gastos sanitarios se dirigirían más hacia las terapias farmacológicas, nuevos tratamientos para la fibromialgia y hacia la cura de las enfermedades en general. Esperemos que respecto a la fibromialgia nos aporte importantes avances científicos.

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